Sobre penas, penes y otras contingencias.

Hallábame yo hace un par de días discurriendo con pose mística, pero natural, sobre cómo explicar ciertas cosas al churumbel y, probablemente, motivado por la celebración del día del padre (que también es San José), cuando finalmente caí en la cuenta de que existen ciertas cosas en este mundo que resultan imposibles de comprender. Es más, resulta hasta peligroso procurar deconstruir, captar la esencia, el “core” de ciertos misterios no vaya a ser que al intentarlo se volatilicen para siempre. Cosas que me han intrigado desde pequeño, tales como… qué sé yo, el por qué de si la Nocilla solo tiene cuatro ingredientes… ¡¿Cómo es que está tan rica?! O algo aún más truculento… Si Espinete andaba por el mundo en pelota picada, ¡¿Por qué se ponía pijama para dormir?!
Lo que os decía… misterios insondables.

Ahora bien, existen otro tipo de asuntos ante los cuales no dudaría ni un instante; no vacilaría en mi contestación aunque mi vástago presentase ante mi persona una batería de preguntas tipo oposición al Ministerio de Justicia. Cosas de rabiosa actualidad, pero no por ello de vital importancia. Al menos eso pienso yo. Por ejemplo y por qué no: El revuelo causado por: Que si los niños tienen pene y “pena” y las niñas tienen vulva y “vulvo” ¿Es verdaderamente eso lo que queremos enseñar a la generación venidera? ¿Clasificar a las personas por lo que les cuelga (o no) donde se juntan las piernas? ¿Es este realmente el más importante rasgo definitorio de un ser humano?

Pues señores y señoras, somos bastante más que nuestro género, nuestro color de piel, orientación sexual o ideología política. Es mucho más complejo que todo eso, y a la vez tremendamente más sencillo.

Somos nuestras acciones.Punto.

Nuestras acciones nos definen como personas.

Pero, permítanme que me explique. Es decir, si un tipo destruye más que crea, le corroe la envidia ante el bien ajeno, sus acciones son dañinas salvo alguna vez que se despista accidentalmente y le sale algo decente, intenta imponer su dogma ideológico a los demás, exige mucho mas de lo que está dispuesto a aportar a cambio, etc, etc, etc (podría seguir hasta desgastar las teclas), pues bien este tipo en cuestión es un “hijoputa”. Así de sencillo. Da igual que sea heterosexual, homosexual, a jornada partida, de piel negra, blanca, roja o Cola-cao con grumos; o que tenga una vagina y un pene de repuesto o viceversa.

Para mis humildes entendederas esto es incuestionable. Igual da cómo uno se defina o se presente a si mismo, si sus acciones no acompañan a lo que predica, es una botella vacía; un barco a la deriva. La vida es un carnaval en el que a todo el mundo, tarde o temprano, se le acaba cayendo la careta.

Quizás nos iría mejor si respetásemos creencias que no compartimos, orientaciones que no comprendemos y simplemente catásemos a la gente por la estela de acciones y consecuencias que va dejando tras de si.

Eso sí, y aún a riesgo de contradecirme, otra cosa distinta es a los que no les gusta la Nocilla. Esos… no merecen el aire que respiran.

Hasta más leer.

Sobre el indigente “Mostaza”

alguienescribe

CREEP Daniel “homeless” Mustard
Permitidme que comparta con vosotros algo que, de rebote, por casualidad, como sucede con las cosas más interesantes en la vida, descubrí hace un par de días. Esta es la historia de un gringo cualquiera, corrijo, pongamos… de un ciudadano del mundo como tú y como yo.

La diferencia fundamental estriba en que este tipo es un indigente de entre cientos en la portentosa ciudad de New York. Pero es uno con nombre y apellidos Daniel Mustard. (Es decir: Daniel Mostaza) al que después se le conoció como Daniel “homeless” Mustard, o directamente “Homeless Mustard” o “Indigente mostaza”

Pero vayamos al tema antes de que la intriga os lleve al ataque de nervios o el aburrimiento pese demasiado sobre vuestros párpados. Año 2009, justo antes de Navidad. Un conocido programa de radio “Oppie & Anthony” como cada año realiza un acontecimiento benéfico en el cual una…

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Sobre el indigente “Mostaza”

                                         

                                         CREEP Daniel “homeless” Mustard
Permitidme que comparta con vosotros algo que, de rebote, por casualidad, como sucede con las cosas más interesantes en la vida, descubrí hace un par de días. Esta es la historia de un gringo cualquiera, corrijo, pongamos… de un ciudadano del mundo como tú y como yo.

La diferencia fundamental estriba en que este tipo es un indigente de entre cientos en la portentosa ciudad de New York. Pero es uno con nombre y apellidos Daniel Mustard. (Es decir: Daniel Mostaza) al que después se le conoció como Daniel “homeless” Mustard, o directamente “Homeless Mustard” o “Indigente mostaza”

       Pero vayamos al tema antes de que la intriga os lleve al ataque de nervios o el aburrimiento pese demasiado sobre vuestros párpados. Año 2009, justo antes de Navidad. Un conocido programa de radio “Oppie & Anthony” como cada año realiza un acontecimiento benéfico en el cual una docena de “indigentes” son elegidos para otorgarles unas tarjetas regalo cargadas de dinero con las que puedan comprar lo que más necesiten, ya sea ropa de abrigo, calzado, medicinas o, quien sabe, directamente vino y “drogaína”. Ese año  entre los elegidos se encuentra nuestro amigo “Mostaza”. Cuando va al estudio a recoger su tarjeta, la cual se entrega en directo durante el programa, los locutores se sienten intimidados por la imponente presencia de aquel tipo de chaquetón gris, barba de hombre oso (de las de verdad, no de las que se llevan ahora y que son diseñadas por un ejército de estilistas) y ojos turbios que apenas se intuyen bajo gorra calada que ha conocido tiempos mejores. Esos ojos nublos podrían esconder un pasado igual de nublado, una historia de demeritos inconfesables. Pero la diferencia es que este tipo no pretende esconder lo que ha vivido y vive, pues abiertamente comparte con todos los oyentes su historia de adicciones al alcohol y a otras sustancias igual de nocivas pero menos legales. Es más, incluso para reforzar lo esperpéntico de su existencia, manifiesta que la pasada noche la disfrutó detenido y en el hospital (todavía lleva la pulsera de ingreso).

Solo al final de su intervención, y cuando los locutores y oyentes, no albergaban ninguna duda sobre en qué el amigo Mostaza se iba a gastar el dinero, éste dijo como quien no quiere la cosa que aparte de indigente, adicto y merodeador, era músico. A la gente del programa, al escuchar esto, no se les ocurrió otra cosa que invitarle a mostrar su arte, dejándole para ello una guitarra que tenían por el estudio.

El Sr. Mostaza tuvo entonces dos opciones: Sospechar que quizás lo que esa gente quería era burlarse de él y de su desgracia en directo, o por el contrario lanzarse a la aventura, coger esa vieja guitarra y entretener a los miles de oyentes que probablemente esperaban echarse unas risas a su costa. Como es típico en alguien que ya tiene poco que perder, eligió la segunda opción. 

Esto es lo que pasó.

Video de su intervención
        No seria casualidad que eligiese “Creep” pues la letra le viene al pelo. Casi instantáneamente después de esta intervención, “Homeless Mustard” se convirtió en un fenómeno en internet. Tal fue el caso que al año siguiente publicó su primer disco, marcando el comienzo de una carrera musical, y por supuesto, el fin de sus días de indigente, aunque siga siendo conocido hoy en día como Daniel “Homeless” Mustard.
http://danielmustardmusic.bandcamp.com/releases
        Lo que yo he sacado de esta historia, y que me imagino que por eso la comparto hoy aqui, es que no importa lo hondo del pozo en el que te hayas metido, en tus manos está salir de él. Y por otro lado, el arte se encuentra en los lugares más extraños, pero sobretodo, en las personas más insospechadas. No prejuzguemos.

Espero que esta pequeña gran historia os haya inspirado como a mi.

Hasta más leer…

Manuel Álvarez-Xagó

Noche de San Juan

Recuerdo que de niño, donde me crie, los chicos comenzábamos a recoger madera desde un mes antes a la noche de San Juan. Era nuestra responsabilidad que en San Juan de Nieva, a orillas de la ría de Avilés, hubiese hoguera. La carreteábamos desde donde quiera que estuviese. Preguntábamos a los vecinos puerta a puerta si tenían algo pa´ la hoguera. Si con algo combustible topábamos y aun sabiendo que tenía dueño, suponíamos que éste no lo iba a echar en falta demasiado, también iba a la carretilla. Las mareas también nos proporcionaban material en abundancia. Si por la ría no encontrábamos suficiente, entonces planeábamos una expedición a Xagó, la gran playa de arena salpicada por troncos, ramas, palés… especialmente antes de que comenzasen a limpiarla. Nuestro límite era lo que pudiésemos llevar en aquellas viejas carretillas de prestado. Así transcurría gran parte de junio; clases solo por las mañanas, y libertad por las tardes.

Y llegaba la noche de San juan. Esa noche en la que te dejaban andar por la calle hasta las tantas. ¿Quién va a encender la hoguera? Algún paisano de camisa desabrochada y pelo en pecho siempre tenía unos periódicos y un poco de Gas oil. -¡Que la encienda el Terri! – ¡No, déjalo que está mangao ya!

Por supuesto nosotros avisábamos cuando ya estaban las llamas medrando, del hecho de que aquella hoguera llevaba “premio”. Y el premio no era otra cosa que algún que otro aerosol, spray vacío, generalmente de laca,  que nos encontrábamos arrojado en su día al mar y escupido por las mareas oportunamente para que nosotros los recolectásemos a tiempo de incluir tal explosivo ingrediente entre la madera. Eran otros tiempos.

Y explosivo es el término indicado ya que los petardazos que aquellos sprays pegaban cuando las hambrientas llamas los alcanzaban, hacían temblar las dentaduras postizas de las abuelas del pueblo. Recuerdo el calor de la hoguera en el rostro, los brazos y las piernas. La distancia de seguridad que uno aprendía a guardar tras sentir los incipientes pelos de las piernas chamuscarse. Un año, mientras apilábamos las últimas maderas, a un clavo malintencionado y además oxidado no se le ocurrió mejor cosa, que hacer honor a su nombre y traspasarme el pie. A urgencias con el chiquillo. Al final no pasó nada. Llegué a tiempo, justo antes de que se prendiera la hoguera.

En fin, dicen que la patria de todo hombre es su niñez. Y en mi patria, San Juan siempre fue mi noche favorita.rotulo[7]

El perfil del agente secreto.

Quizás, leyendo lo siguiente, se den cuenta de que su vecino es un agente secreto, un policía de incógnito. Atentos…detectivejpg_2

 

 

 

 

 

 

Extracto de “El sommelier de almas” de Álvarez-Xagó.

CAPITULO VI.

El perfil.

 

Templanza… Resultó ser que aquella era una de las características principales que todo agente encubierto debía poseer. Pero había más; bastantes más.

De entre todo un elenco de documentos técnicos, tratados jurídicos y policiales y demás ladrillos infumables que sin embargo XXX se empollaba con devoción, uno particularmente le llamó la atención. Se trataba de una tesis firmada por una doctora en Derecho y Criminología en la cual se recogían las características que conformaban un teórico perfil idóneo del agente encubierto perfecto. Estos rasgos, en un número de veinte, se habían obtenido principalmente de la experiencia del FBI Estadounidense y de los servicios secretos del Reino Unido, así como de la propia experiencia Española en la lucha antiterrorista:

 

PERFIL DEL AGENTE ENCUBIERTO:

  1. – Autonomía personal para la toma de decisiones, adelantándose a las situaciones; habilidad para enfrentarse a problemas y resolverlos.
  2. – Eficiente, eficaz y competente.
  3. – Capacidad para adaptarse al medio; para mimetizarse con él.
  4. – Alta inteligencia, incluida la emocional.
  5. – Templanza y equilibrio, calmado, que guarde el control.
  6. – Capacidad de comunicación a todos los niveles: oral, gestual, lenguaje verbal y no verbal.
  7. – Perfil de vendedor.
  8. – Empatía, es decir, que tenga la capacidad de ponerse en el lugar del otro e interpretar las situaciones desde su punto de vista.
  9. – Confianza en sí mismo con un alto grado de control interno.
  10. –Dureza, como equivalente a poco sentimental; no tiene que ser necesariamente alguien “frío”, pero sí que no se deje llevar por sus sentimientos.
  11. –Flexibilidad, en el sentido de ser tolerante con los valores culturales y morales de otros.
  12. –Tolerancia a la crítica y a la frustración; debe ser independiente, que no necesite la aprobación del medio.
  13. –Confidencialidad y discreción.
  14. –Capaz de asumir riesgos sin llegar a ser temerario.
  15. –Preferentemente soltero y sin hijos.
  16. –Resistente al dolor y con aguante físico considerable.
  17. –Debe ser una persona vulgar y corriente. Sin manías.
  18. –Edad: el rango ideal es entre 25 y 45 años, puesto que si es demasiado joven se corre el riesgo de que cometa errores por la necesidad de reafirmarse y demostrar su valía; por el contrario, si es demasiado mayor se temen en exceso las pérdidas y el cambio es mucho más difícil de asumir, así como el adaptarte a él.
  19. –Aspecto físico corriente.
  20. –Culto. Se necesita un nivel cultural medio–alto. 

*(Seminario Internacional sobre Agentes Encubiertos organizado por el CGPJ en octubre de 1999.)

 En los siguientes días y semanas, las innumerables pruebas y ejercicios de campo sondearon lo más profundo de su personalidad y capacidades en busca de alguna grieta que pusiese en peligro la operación, en caso de que al final, se decidiese infiltrar al agente XXX. Él, honestamente creía poseer un buen número de aquellas cualidades recogidas en el “perfil perfecto”.

En lo referente a Patxi, entre ambos y día a día fue creciendo un respeto mutuo. Cada jornada aprendía un sinfín de habilidades, de ese tipo que ningún libro o tratado sería capaz de recoger. Sus enseñanzas iban más allá; era algo así como aprender a desarrollar y potenciar aquel instinto de perro callejero que Patxi, muchos años atrás se había visto forzado a adquirir por sí mismo.

En su época, ─pues él mismo había sido un “topo”─, nadie le había entrenado ni preparado de forma alguna. A él, siendo un novato bienintencionado y aprovechando su origen vasco, le habían propuesto intentar hacerse amigo de un grupo de chavales con tendencias “abertzales”; y de ahí a conseguir meterse en un comando de ETA, apenas le llevó tiempo ni esfuerzo. Al menos eso le decía a su pupilo; aunque el instructor hablaba de una forma que hacía pensar que omitía de forma consciente los pasajes de sus historias en las que sus manos estuvieron manchadas de sangre, ya fuese del enemigo, o de sus propios compañeros.

 

Las semanas transcurrieron, y aquellos días de frenético entrenamiento y constantes pruebas psicológicas en los que a XXX le dio la sensación de que hasta su nivel de bilirrubina en sangre estaba siendo medido constantemente, tocaron a su fin. Recogió su petate, una de esas viejas mochilas de montañero que tanto servicio le había hecho casi desde su adolescencia, y desde el andén número tres de la estación de Atocha, tomó el tren que le llevaría de vuelta a su tierra.

Continúa en la novela…

https://www.elcorteingles.es/ebooks/tagus-9788491150589-el-sommelier-de-almas-ebook/

UN PEQUEÑO TRIBUTO

Desgraciadamente, los policías no solo mueren en las novelas:

Esos policías son los que cuando tu abuelo se desorientó, no cejaron hasta encontrarlo.

Esos policías son los que cuando apuñalaron a tu hijo, taponaron la herida y como la ambulancia no llegaba, lo trasladaron al hospital. Pero esos mismos son los que, días después, detuvieron al culpable.

Esos policías, Jorge e Isidro, aunque por unos meses estaban en Kabul protegiendo la casa de su país, aquella a la que sus compatriotas pueden dirigirse en caso de necesidad, pues esos policías son los que aquella noche en que tu mujer sentía que alguien la seguía en la soledad de un parking, acudieron y descubrieron que efectivamente, un depredador sexual estaba al acecho.

Desgraciadamente, esos dos policías ya no acudirán cuando los necesites, pero sí lo haremos sus compañeros que con nuestro trabajo diario honraremos la memoria y el trabajo de aquellos que encontraron la muerte tan lejos de su hogar.

¡Va por vosotros, compañeros!

Manuel Álvarez-Xagó

Policía y escritor.

Un sueño dentro de El sommelier…

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     De esta manera es cómo el herido por la pena sueña con quien ya no está. Extracto de “El sommelier de almas”:

                                                                      …que toda la vida es sueño,
                                                                           y los sueños, sueños son.
Pedro Calderón de la Barca

                                            CAPÍTULO XXX.
                                                  Un sueño.
     De la mano; con dedos entrelazados de una manera tal como queriendo decirnos que esas manos, esas almas, jamás volverían a separarse. Así es como entramos en Anaqueles y espinas. Ella con los ojos vendados. Yo quiero mostrarle lo que le he hecho a su espacio, a su negocio. Allí a solas en medio del local, con la luz  del sol filtrándose por las cristaleras, la despojo del pañuelo que cubre sus ojos y ella me sonríe con deleite; está encantada con el cambio. Y somos inmensamente felices. Más de lo que, quizás, le debiera estar permitido a un mortal.

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Reseña de “El sommelier de almas”

Que el gran Fernando Rueda, periodista y escritor de una gran trayectoria y el considerado mayor especialista de este país sobre el mundo del espionaje y las operaciones encubiertas escriba un artículo sobre mi última obra y mi modo de contar historias, es un gran honor. Pero éste es mucho mayor si os digo que llevo aprendiendo con él desde que con 17 años descubrí el programa de radio “La rosa de los vientos” de Juan Antonio Cebrián (un gran maestro al que el destino se lo llevó demasiado pronto). Aquellas historias, aquellas conversaciones en las que, mano a mano Juan Antonio y Fernando desgranadan y desvelaban las operaciones que las grandes agencias de inteligencia se esforzaban por mantener en la sombra. Todo eso y mucho más, que de una manera u otra contribuyeron a ensanchar la mente de un adolescente “melenudo”. De eso… hace ya casi veinte años, y quién me iba a decir a mí que años después, aquel tipo que traía y transmitía a mi radio aquellas apasionantes historias, iba a interesarse y disfrutar con algo brotado de mi imaginación.  Aquí os dejo su reseña.
¡Gracias maestro!

Ahora que lo escucho…

“Abrió sus ojos con la determinación propia del que conoce lo que ha de hacer.”

Enlace para el Primer capítulo narrado.

Espero que disfrutéis con el audio del primer capítulo narrado por una voz profesional, y que luce bastante lo que yo pretendí fuese un inicio potente de una historia tormentosa. Sólo pondré una condición para escuchar el capítulo: hacerlo en un rato de tranquilidad y sin interrupciones para poder así meterse de lleno en la historia.

Hasta más leer…

Manuel. 

Portada de la novela

¡¡Habemus novela!!

 

La semana pasada tuve la inmensa suerte de poder presentarseguedmi segunda novela, de la que os había hablado anteriormente por aquí. En el acto, muy formal por el escenario, pero tremendamente casual por el ánimo de los participantes y asistentes, el que firma estas lineas se sintió como en casa. ¡Y es que estaba en casa! Va a ser que aquel que dijo: “Nadie es profeta en su tierra”, no conocía a los avilesinos ni a los asturianos en general. Espero que esta puesta de largo de “El sommelier de almas” sean los sólidos cimientos para la andadura de esta historia, que tanto me ha costado sacar a la luz, pues son malos tiempos para hacerse un hueco en esto de la literatura. Aquí os dejo mi carta de agradecimiento. Sigue leyendo